Nina comenzó terapia en un momento donde sentía que vivía en alerta permanente. Su mente no descansaba, le costaba desconectarse de las preocupaciones y cada vez le resultaba más difícil disfrutar de las cosas cotidianas. Aunque seguía cumpliendo con sus responsabilidades, internamente se sentía agotada y emocionalmente sobrepasada.

La ansiedad

La ansiedad empezó a afectar distintas áreas de su vida. Dormía mal, se sentía irritable con frecuencia y muchas veces terminaba anticipando escenarios negativos que aumentaban aún más su angustia. Intentaba controlar todo para sentirse tranquila, pero mientras más lo hacía, más cansada se sentía emocionalmente.

Durante el proceso terapéutico comenzó a comprender mejor cómo funcionaban sus niveles de ansiedad y qué situaciones estaban contribuyendo a mantener ese estado constante de tensión. También aprendió a reconocer señales emocionales y físicas que antes ignoraba o minimizaba.

Herramientas de regulación

Poco a poco fue incorporando herramientas para manejar momentos de angustia, regular pensamientos anticipatorios y relacionarse con sus emociones de manera menos exigente y más consciente. Más que “eliminar” la ansiedad, el trabajo estuvo enfocado en recuperar sensación de estabilidad y bienestar en su vida diaria.

Con el tiempo, Nina comenzó a sentirse más tranquila, presente y conectada consigo misma. Aunque todavía enfrenta momentos difíciles como cualquier persona, hoy siente que puede transitarlos con más claridad, recursos emocionales y confianza personal.