Hubo un momento en que sentí que ya no sabía cómo acercarme a mi pareja sin terminar herida o frustrada. Cualquier conversación importante terminaba en pelea, silencio o distancia. Seguíamos viviendo juntos, compartiendo la rutina de siempre, pero emocionalmente nos sentíamos cada vez más lejos. Me dolía ver cómo algo que alguna vez nos hizo felices se había transformado en tensión constante, cansancio y desconexión. Llegamos a terapia cuando honestamente ya no sabíamos qué hacer. Empezar no fue fácil, porque había mucho acumulado entre nosotros. Pero poco a poco, las sesiones con Paty nos ayudaron a entender dinámicas que repetíamos sin darnos cuenta y a hablar desde un lugar mucho más honesto y humano. No fue un cambio mágico ni inmediato, pero sí el comienzo de una relación distinta, más consciente y cercana.