Si alguien me hubiera preguntado hace unos años cómo estaba, probablemente habría respondido que bien. Porque desde afuera mi vida parecía funcionar. Trabajaba, cumplía con mis responsabilidades y seguía adelante como siempre. Pero internamente vivía en un estado constante de ansiedad y agotamiento emocional que ya no sabía cómo manejar.
Mi cabeza nunca descansaba. Siempre había algo preocupándome, anticipando problemas o imaginando escenarios negativos. Me costaba muchísimo desconectarme y relajarme de verdad. Incluso en momentos donde se suponía que debía disfrutar o descansar, sentía tensión en el cuerpo y una sensación permanente de alerta.
Vivir cansada emocionalmente
Con el tiempo la ansiedad empezó a afectar muchas áreas de mi vida. Dormía mal, me irritaba con facilidad y me sentía emocionalmente drenada casi todo el tiempo. Había días donde algo mínimo podía sobrepasarme por completo, aunque por fuera intentara actuar como si nada estuviera pasando.
Lo más difícil era que muchas personas no entendían lo que me pasaba porque yo seguía “funcionando”. Y eso me hacía sentir todavía más sola. Llegué a pensar varias veces que quizás simplemente tenía que esforzarme más o aprender a controlarme mejor.

Cuando empecé terapia con Paty sentí alivio casi desde las primeras sesiones porque por primera vez pude hablar de todo eso sin sentirme juzgada ni exagerada. Poco a poco fui entendiendo cuánto tiempo llevaba viviendo en piloto automático, ignorando señales emocionales y físicas que mi cuerpo venía mostrando hacía años.
Empezar a sentir calma nuevamente
El proceso no hizo desaparecer mágicamente mi ansiedad, pero sí cambió completamente la manera en que me relaciono conmigo misma y con lo que siento. Empecé a reconocer pensamientos que me mantenían atrapada en miedo constante y aprendí herramientas para atravesar momentos difíciles con más calma.

También entendí algo importante: no tenía que seguir demostrando todo el tiempo que podía con todo. Esa necesidad de controlar absolutamente todo me estaba agotando emocionalmente.
Hoy sigo teniendo días difíciles porque la vida no deja de traer desafíos. Pero ya no siento que vivo atrapada en mi propia mente. Me siento más presente, más tranquila y mucho más conectada conmigo misma. Y honestamente, hacía muchísimo tiempo que no sentía algo así.