Durante mucho tiempo pensé que lo nuestro era solo una mala etapa. Que el estrés, el trabajo y la rutina estaban afectando nuestra relación y que eventualmente todo volvería a sentirse normal. Pero con los meses empecé a darme cuenta de que no era solo cansancio. Nos habíamos ido desconectando emocionalmente sin notarlo.
Las conversaciones importantes terminaban mal casi siempre. O discutíamos por cosas pequeñas hasta explotar, o directamente evitábamos hablar para no pelear. Había días en que convivíamos como dos personas agotadas compartiendo la misma casa, pero sintiéndonos completamente lejos. Y aunque todavía había cariño, también había mucho resentimiento acumulado y una sensación constante de frustración.
El momento donde sentí que algo se rompía
Recuerdo una noche en particular donde terminamos otra discusión absurda por algo mínimo. Cuando me fui a dormir pensé: “Ya no sé cómo hablar con él sin terminar sintiéndome sola”. Y creo que esa fue la primera vez que realmente me asusté. No porque dejara de quererlo, sino porque sentía que nos estábamos perdiendo como pareja.
![]()
Llegamos a terapia con Paty bastante desgastados emocionalmente. Honestamente, yo tenía miedo de que fuera demasiado tarde. Al principio las sesiones fueron incómodas porque había muchas cosas guardadas y ninguno sabía bien cómo expresarse sin ponerse a la defensiva.
Pero algo que agradezco muchísimo fue que nunca sentí que hubiera culpables. Poco a poco empezamos a entender que los dos llevábamos tiempo reaccionando desde el cansancio, las heridas y la frustración. Había muchas cosas que no nos estábamos diciendo realmente.

Aprender a relacionarnos de otra manera
El proceso no fue lineal. Hubo sesiones donde salíamos removidos y otras donde sentíamos pequeños avances. Pero lentamente empezamos a escucharnos distinto. Por primera vez en mucho tiempo sentí que podía hablar sin miedo a terminar en otra pelea.
También entendí cuánto me había acostumbrado a guardar cosas para evitar conflicto, hasta explotar después por cualquier detalle. Y él empezó a expresar emociones que antes escondía detrás del silencio o la distancia.
No puedo decir que hoy tengamos una relación perfecta porque no sería real. Seguimos teniendo diferencias y momentos difíciles como cualquier pareja. Pero ahora sentimos que estamos del mismo lado cuando aparece un problema, en lugar de enfrentarnos entre nosotros.
Volvimos a encontrar espacios de cercanía que pensé que habíamos perdido. Y sobre todo, recuperamos algo que para mí era fundamental: la sensación de sentirme emocionalmente acompañada dentro de mi relación.